Monday, March 28, 2016

Una carta desde aquí..

 Querido amigo y compañero  JOSÉ DANIÉL GARCÍA URÍA
Has de saber amigo que aún estas en mi recuerdo, allá donde te encuentres. Tú joven guerrillero que en aquella noche de triste y terrenal, tan lejana  y cercana para nuestro efímero tiempo. por causas que se me antojan extrañas, nos dejabas cuando cumpliendo con el deber para con la Patria, en nuestras queridas tierras asturianas.
Humilde y servicial como eras, en aquellos tiempos donde tu como voluntario de estas Unidades de Boinas verdes, no tenías mayor y mas noble objetivo que cumplir con la promesa de vivir como buen ciudadano. En aquel tiempo realizabas una noble tarea: disponer las viandas para a los mandos de aquella unidad en tiempos de campaña, por eso te conocía tu manera de hacer.
Y fue allí en la Providencia, en lo que hoy es parque disfrutado por todos los gijoneses, donde aún existe tapiado el búnker de hormigón, que habíamos adaptado como dormitorio provisional de nuestras maniobras, donde la fatalidad en una noche oscura, hizo que el cuchillo de combate seccionara tu femoral y se escapara por ella tu vida.
Y en el cuartel vi ya tu cuerpo inerte y estuve velándote y la día siguiente ya en tu casa, fuimos a recogerte y te llevamos en hombros por las calles. Eran los Boinas Verdes de la 72 al completo, compañeros disputándose el tener un lugar bajo el féretro, en aquel emotivo recorrido hasta llegar a la Iglesia.
Y en el Campo Santo de Ceares, depositamos tu cuerpo y en mi oración de íntima despedida, no pude evitar que se me saltarán lágrimas de emoción.

Gracias por tu imagen de noble comportamiento. Si cuando yo muera te parece bien, quedamos donde tu digas José Daniél, para darte un abrazo en compensación al que aquí en la tierra no pude llegar a darte, porque aquella noche ya te habías ido.

Thursday, July 17, 2014

Episodio de un día


El episodio de un día.

Y llego a Valladolid después de una hora de viaje desde Madrid, y lo hacía con tiempo, proyectado y previsto, en busca de unos datos que pensaba encontrar en el Archivo Diocesano. Ya en Campo Grande tomé andando la calle Recondo y después la de Ferrocarril, la larga de Panaderos y López Gómez, finalmente Arribas 1, en la misma catedral.

Aún no eran las diez y me dispuse a esperar. Estaba en obras pero nada me hacía sospechar que mi viaje fuera en vano.

Sentado en la plaza de Cervantes, en uno de los bancos anclados al suelo, observando su estatua en bronce y de pie, sobre un alto pedestal de piedra, espero pacientemente a que abran la catedral cuando a pesar de las horas iniciales de la mañana, ya empezaba a apretar el sol de este verano castellano, haciendo que la sombra mitigara menos su objetivo para el que nosotros, los humanos, pensamos fuese creada.

Y desde aquí me voy fijando en las gentes que deambulan e aquí a allá y de allá a aquí, unos en pie, otros en bici, algunas con su perro y otros con paquetes, libros los estudiantes, cámaras los primeros turistas, todos despreocupados, aparentemente, y unos y otros iban desapareciendo por las esquinas, mientras yo seguía sentado.

La emoción de el encuentro de datos para mi investigación, me habían hecho levantarme muy temprano, de noche a las cinco de la madrugada y estaba somnoliento, absorto, mirando aquellas piedras arruinadas, parte de la antigua catedral que se me antoja fue inmensa en siglos pasados y donde, no los conté, pero me parecieron sembrados doce cipreses muy largos, muy altos, muy delgados, muy puntiagudos, grandiosos, vigorosos, esbeltos y de verde intenso.

Y llegó el momento y la decepción aquellas obras implicaban al Archivo. Una vaga esperanza me hizo iniciarme en su entrada y un funesto cartel prohibiendo entrar a los ajenos a la obra, clavado en su puerta, me hizo retroceder contrariado.

Aún tuve una última esperanza, cuando ya dentro de la catedral, el recepcionista turístico me indicó que fuera a ver a la iglesia próxima, al sacerdote, Era el único que podía solucionarme la papeleta y con esas miras me dirigí al templo donde celebraba la misa.

Estaba ya cerrado, cuando a lo lejos vi una persona andando despacio, hablando por el móvil y a toda prisa me dirigí a él. Cuando llegué a su altura le pregunté si era el párroco, asintiendo.

Le comenté el viaje frustrado y el objetivo del mismo, pero como ya me presumía el hombre se disculpó; la catedral estaba en obras y nada podía hacer, hasta que no se terminaran.

Me despedí de él y desilusionado emprendí el viaje de regreso a la estación, por las mismas calles y llegué a casa, sin datos.

Una vez más estuve en un lugar a destiempo: Otra vez será y será otra historia.




Wednesday, June 18, 2014

Felipe VI. Rey de España.
Desde hoy  a las doce de la noche, hasta que os deje, cuando Dios quiera, este será mi Rey
 

y esta será mi Bandera.
Marcos

Sunday, June 01, 2014

LA BATALLA DE MARGALEF

Durante la Guerra de Independencia, el mariscal Souchet,  como jefe del ejército napoleónico que operaba en Aragón, recibía la orden de tomar la plaza de Lérida, llegando a sus inmediaciones del día  el día 13 de abril de 1810, al mando de 13.000 franceses, para iniciar inmediatamente su asedio, momento en que la defendían 8.000 hombres al mando del general Jaime García Conde. Souchet rodeó la ciudad. 

Los españoles organizaron una fuerza de socorro; Enrique O´Donell al mando de sus divisiones, 9000 hombres, desde Tarragona se dirigió hacia el lugar, para impedir el asedio. Cuando llagaba a Vinaxa el día 22, recibió una carta del gobernador de Lérida, en el que le participaba que la mayor parte de la caballería enemiga se había alejado de la plaza, aunque habían dejado frente a ella unos 300 caballos.

O'Donell resolvió aprovechar la ocasión que se le ofrecía, por lo que el 23 continuó la marcha con sus divisiones y 250 caballos de la Maestranza y húsares de Granada, llegando a las diez de la mañana a Juneda, donde efectuó un alto hasta el mediodía, dejando una de ellas en este lugar, y adelantándose con la otra hasta las proximidades de Margalef, donde la desplegó en orden de combate en tres columnas, la primera en vanguardia, de infantería ligera, donde se encuadraba el subteniente Ramón Anglés, avanzando por el camino real; las otras dos constituidas en flacos, lo hacían bastante más retrasadas.

En un momento determinado, la vanguardia francesa de Souchet, se replegaba hacía las inmediaciones de Lérida, al mismo tiempo que se aproximaba a galope, armando una gran polvareda por el flanco derecho, parte de la caballería enemiga. O´Donell que había permanecido en una casa cercana observando el avance, dio la orden de retirada, que se ejecutó de inmediato.

Las dos columnas de flanqueo al avanzar más retrasadas, efectuaron el movimiento de retirada rápidamente, colocando en sus flacos a la caballería como protección y en posición dos cañones a derecha e izquierda del camino real.

Los franceses sufrieron varias descargas de fusilería, mientras la infantería se veía interceptada con un vivo fuego de artillería. Llegada aquella con dificultad,  formó una columna de ataque, con su punta de vanguardia hacia el flaco derecho del camino, pero la caballería francesa atacó con inusual ímpetu a la española que la puso en completa derrota y en su huida, atropelló a todo el dispositivo de la columna española, que no pudo resistir la carga de los coraceros franceses, siendo derrotada completamente, continuando los franceses en su persecución hasta Juneda, donde fueron contenidos por la división que había dejado O'Donell allí.

Los españoles perdieron en esta acción tres cañones, una bandera, tres estandartes y en poder de los vencedores quedaron 5.617 prisioneros. De esta manera tan aciaga, finalizaba aquella jornada del día 23, dejando una lamentable visión de cuerpos inertes. O’Donell, repuesto en parte de tal contratiempo, pudo juntar parte de su gente, y antes de que se hiciera de noche, retirarse camino Borges Blanques y Montblanch.

Thursday, May 08, 2014

El Grupo de Operaciones Especiales GOE nº 1
Conmemorando Aniversario de la Batalla de Talavera, donde los ejércitos aliados de España e Inglaterra, se enfrentaron al ejército de Napoleón  el 28 de Julio de 1809.

Tuesday, May 06, 2014

UNA CRUZ DE PIEDRA
Os voy a contar mi pequeña historia con esta cruz.
Cuando hace mas de treinta años había llegado a Tres Cantos, en mis ratos libres solía pasearme con mi perra por estos campos tricantinos, observando la naturaleza y tomando fotografías de cuanto me parecía digno de ser recordado, a sabiendas que la nueva ciudad traería mas habitantes y consecuentemente nuestros alrededores serían hollados con frecuencia.
El caso es que llegado delante de esta cruz de piedra de magnífica factura, levantada en 1801, llamó mi atención y decidi hacer la correspondiente instantanea. Y asi quedó y que me sirvió para ilustrar algún que otro artículo.
Pues bien años más tarde quise regresar  al lugar donde se encontraba. Con gran sorpresa la encontré fracturada por el centro, la había sacado de la peana  y el trozo superior lo habían invertido y colocado al reves sobre el hueco de la peana, de tal forma que me llenó de tristeza y no quise que aquello quedara así. También entonces me acompañaba mi perra Tilka.
Era una tarde despejada de finales de invierno, no llovía  pero las nubes estaban amenazando. Me puse manos a la obra y con no poco esfuerzo logré levantar de la peana el trozo superior. Acto seguido coloqué el trozo restante en su lugar y finalmente con un último esfuerzo logré con ciertos apuros, debido al peso, que quedara colocada como Dios manda, eso si no cabe duda que en precario puesto que la fractura no había foma de recompònerse, y me fui de allí satisfecho por haber intentado de algún modo desagraviar la acción vil de algún descerebrado.
 Pasaron algunos años y volví al lugar y la cruz con su peana habían desaparecido, después de haber

sido respetada durante dos siglos. 
CUENTO INFANTIL
 
OSCORÍN Y LAS BOTAS MARAVILLOSAS
                                                                                                                         Asturquín
Un viejo zapatero, en su pequeño taller, quiso realizar su obra maestra, aquella que tanto tiempo había albergado en su corazón, soñando que algún día se hiciese realidad.
Pensó en un par de botas deportivas, hechas con tanto amor, que el niño que las calzara, y cuidara, viera a cambio colmadas todas sus ilusiones.
Con estos buenos deseos puso manos a la obra; primero fue su diseño, después su elaboración. Puntada tras puntada, y en cada una de ellas, poniendo un pensamiento, tardó mucho tiempo, hasta que fueron terminadas. Decía, ésta puntada, por un niño cariñoso; ésta, por un niño bondadoso, ésta, por uno no envidioso y, ésta otra, por un niño dadivoso.
Por fin, un día, miraba orgulloso su obra maestra, sus botas maravillosas. Formuló su último deseo: que fuesen, aquellas botas hermosas, a manos de un niño con ilusión, a un niño como tú.
Vivía, el viejo zapatero, en una ciudad, donde siempre fue muy trabajador, honrado, leal, amigo de sus amigos y, muy buen compañero. Era rico puesto que era feliz, decidiendo llevar sus botas maravillosas, a los grandes almacenes, donde uno de sus amigos dirigía un departamento, exponiéndole su deseo.
- Quisiera, le dijo, que este par de botas, estuviesen expuestas en un lugar destacado, para que las vieran todos los niños. Me gustaría que las comprara un niño que lo fuera por siempre jamás.
Dicho y hecho aquel amigo dejó las botas colocadas en un estante acristalado, siendo, a partir de entonces, la envidia de sus compañeros: zapatos, botas, zapatillas de deportes y toda la demás familia de calzados. Las botas se sentían admiradas, con orgullo exhibían su diseño y se preguntaban cuando encontrarían al niño que fuera merecedor de contar con la ayuda que, para él, deseaba el viejo zapatero.
¡Ay! No fue así. Un niño se fijo en ellas, llevaba puestas otras muy nuevas, pero, se empeñó en comprar las botas maravillosas.
Dijo su mamá: No ves, hijo, las que llevas aún están nuevas.
- ¡Que las compres! ¡Que las compres! Se empeñaba el niño caprichoso, rabieta tras rabieta.
Tanto se empecinó, que finalmente, accediendo a los deseos de aquel niño caprichoso, terminó por comprarle las preciosas botas.
- Espero, dijo la mamá, que las utilices durante mucho tiempo, y le saques provecho.
En realidad, sólo le interesaba la apariencia, por lo preciosas que eran, estaba seguro que iba a presumir con ellas aquella misma tarde, ante sus amigos de juegos, pues no podía haber otras tan hermosas. Lo de menos es que fuesen hechas a medida, con un diseño original, cómodas para el deporte, capaces de satisfacer las ilusiones que, desde luego, aquel niño no alcanzaba a comprender.
- ¡Caramba! Que oscuro está esto, se dijo una bota a otra.
-  No te preocupes, estamos dentro de una caja de cartón. Nos acaba de comprar un niño. Cuando veamos de nuevo la luz, estaremos andando por las calles de su ciudad.
¡Qué botas! ¿A donde las has comprado? Comentaban admirados en el cole, los amigos.
Las botas comentaban entre sí cómo el niño, presumía de ellas y le agradecían la admiración. Pero ¡Ay! Al cuarto día, se cansó de ellas, cuando llegó a su casa, se descalzó y fueron lanzadas entre otros zapatos, al interior del armario, dejándolas en el más completo abandono.
Pasaron días olvidadas medio sucias, en aquella habitación. Abandonadas de aquel niño. No las calzaba nadie e inútiles se preguntaban:
- ¿Para qué, el esfuerzo de nuestro viejo zapatero?
Pasaron los meses...
- ¡Estoy harta! Dijo la mamá un buen día, entrando en la habitación. Recogeré todos estos zapatos, que no quieres, le dijo a su hijo, y los dejaré en el contenedor de la ropa usada, estoy segura, que alguien las utilizará y servirán para algo mas que para estar de estorbo. Unidas por los cordones, y metidas en una bolsa de plástico, las depositó en el contenedor, que se encontraba a escasos metros, del portal de su casa. Días después, considerando el estado de suciedad que se encontraban, fueron tiradas a la basura y entre mondas de patatas, cáscaras de naranja y demás desperdicios, se lamentaban.
- Que triste suerte la nuestra, no hemos conseguido dar con el niño, que entendiese nuestro destino.
- No te preocupes, mientras estemos juntas, tal vez lo encontremos. No puede ser este nuestro final, siendo hechas con tanto amor. Envueltas entre las basuras, sentían el ruido del motor del camión, que las transportaba desde hacía varias horas.
Se vieron dando vueltas, en el interior de la bolsa de plástico, ladera abajo, no dejaban de rodar, el camión basculante había deslizado su carga, desplazándola hacia el mar. Tanto rodaron que, finalmente, se vieron envueltas por una fría humedad y, poco después, remojadas y empapadas, hasta quedar balanceándose en el fondo del agua.
Las corrientes marinas las llevaron lejos, muy lejos, cada vez a más profundidad. Y pasaron muchos meses.....
Cierto día, quedaron encalladas bajo el agua, entre unas rocas, ya no quedaba resto del plástico que en principio las acompañó. Pasaron muchos años varadas, las algas las recubrieron y medio enterradas en la arena, permanecieron por mucho tiempo.
Años mas tarde, unas corrientes muy fuertes, hicieron que todo el fondo del mar se removiera; arenas, rocas, algas y peces, fueron lanzados de sus lugares, hacia otros fondos. Las botas maravillosas, se vieron envueltas en aquel maremágnum y, como en otras ocasiones, balanceándose, ahora, al capricho de las nuevas y suaves corrientes de fondo, sobre arenas, donde los grandes cetáceos, buscaban afanosamente la comida, y....una gran ballena, las tragó.
En el vientre de la ballena permanecieron a oscuras, durante más de un año. Pero...no acabaría aquí su periplo, aún aguardaban nuevos episodios. Se preguntaban, como aún del tiempo transcurrido y las circunstancias, permanecían juntas; eso sí, se sentían mas pesadas, tal vez por encontrarse llenas de arena. No cabe duda que la magia, del viejo zapatero, estaba con ellas. Tal vez, aquí estuviese el misterio.
La ballena nadaba libremente por mares frecuentados por cazadores furtivos, ansiosos de capturarla. De vez en cuando, subía a la superficie, para respirar y tomar aire.  Los grandes chorros que despedía el gran cachalote, fueron divisados por uno de aquellos furtivos, pescadores de ballenas. Las botas maravillosas, sintieron una sacudida a su alrededor, hacía tiempo que viajaban en aquella oscuridad, apanas sin experimentar sensación alguna. Un viejo arponero incrustó su arpón en el enorme cuerpo del mamífero marino. Aquel gigante de la naturaleza, quedó muerto, lo izaron a cubierta por la popa, arrastrado mediante cadenas, y el buque, con su presa, navegó durante algunos días, hasta llegar a su puerto, donde los balleneros comenzaron su faena. De su estómago sacaron las botas, y de ahí de nuevo a la basura.
Otra vez, se veían entre medio de las mondas.
- ¿Cuándo acabará todo esto? Se preguntaban. Algún día encontraremos al niño que nos necesite, dijo una.
- Si, pero, no se como le vamos a servir, en el estado tan lamentable que nos encontramos, dijo la otra.
En una de aquellas grandes ciudades, había gente muy pobre, en los suburbios. Vivían en chabolas, hechas de latas y de materiales muy pobres, las calles eran barrizales, no tenían ventanas y no tenían aseos como los que tienes tú. Tenían que desplazarse lejos, para traer el agua, de las pocas fuentes que había. La comida escaseaba y, tampoco los niños iban a la escuela.
Aquellos niños eran muy valientes, ayudaban a sus papás, todos los días, a salir adelante y para que, al menos, sus hermanitos, tuvieran algo que llevarse a la boca. Todos los días muy temprano, Oscarín, que apenas tenía seis años, se despedía de su mamá. Después de darla un beso, cogía un gran saco muy sucio y un pincho que él mismo se había fabricado; camino del trabajo iba cantando y jugando con sus amigos de infortunio.
Como ya habréis imaginado, Oscarín era un niño muy bueno, no era egoísta, todo lo que podía valer para ayudar a su familia, le parecía insuficiente. Le hubiese gustado ir al cole, como a todos los niños, pero no podía. Tenía muchos sueños, muchas ilusiones, y no sabía como hacerlos realidad. Era consciente de que la forma de vida que llevaba, no era la más idónea, cómo para que algún día se realizasen, pero su fe era muy grande. No dejaba de soñar; tendría una casa bonita, una bicicleta, muy buenos zapatos y podría ir al cole, dejando aquella vida discriminada.
Andaba siempre con un montón de greñas, las uñas sucias, la piel cuarteada por el sol y las piernas no se sabía si eran morenas o producto de otras cosas. Como todos sus amigos, olía muy mal, sin embargo su interior relucía igual que el sol.
¿Sabéis donde trabajaban? En un gran basurero, a donde iban a parar todas aquellas cosas, que son inservibles. Esperaban impacientes los primeros camiones, disponiéndose a recoger lo que consideraban más apropiado. Sus pinchos rompían bolsas de plástico, cogían botes vacíos, latas de todo tipo, hierros oxidados, hilos de cobre, y también las frutas que sobraban de las tiendas. Se afanaban en llenar, de esta manera, sus sacos.
Oscarín, a pesar de su corta edad, era muy fuerte, podía con su saco que llegaba a pesar, cuando estaba lleno, más de treinta kilos. Lo cargaba a los hombros y balanceándose para no perder el equilibrio, lo llevaba muchos kilómetros mas allá, hasta llegar al chatarrero, donde, a cambio, le daban algunos centavos.
Y, de vuelta, a empezar. Así se ganaba la vida, para él y para sus hermanitos. Cuando por las tardes llegaba a casa, lo único que le apetecía era dormir, y sumergirse en sus sueños.
Una de aquellas mañanas, su pincho, enganchó un cordón, tiró de él, le costó extraer aquellas botas tan sucias, un nuevo tirón y las tuvo en sus manos. Pesaban mucho, se fijó que estaban llenas de arena, rápidamente, las echó dentro del saco, no podía perder tiempo en vaciarlas, tenía demasiado prisa por llenarlo. Cuando llegó a casa, por la tarde, en su saco llevaba las botas y la fruta medio caduca, que había conseguido recoger.
Su mamá le preguntó: - ¿Y, estas botas? ¿Para qué las coges? ¿No ves que están muy estropeadas?
Oscarín, observador, respondió:
- Mama, no pude resistir la curiosidad. Vi que las suelas estaban completamente nuevas, como si nadie las hubiese utilizado.
Al mismo tiempo, comenzó a sacar el barro y la arena, que tenían en su interior.
- Pero ¿Qué es esto? Su mano, había tropezado con algo duro, pegado en la parte interior. Era una especie de concha. En realidad era una gran ostra. La arrancó y después otra y otra; así de la misma bota hasta cuatro.
Cogió precipitadamente la otra bota y, sucedió lo mismo. Cuatro grandes ostras, estaban pegada en el interior. Su mamá le dijo que las abriera. Había oído que en algunas se criaban perlas, y que valían mucho dinero.
Con gran ilusión, Oscarín comenzó a abrir la primera.
¡Sorpresa! Ante sus ojos apareció una brillante perla blanca, tan grande como una avellana. Se quedaron mirando en silencio, atónitos, no podían creer lo que estaban viendo.
Con gran excitación, junto a su mamá y su papá, fueron abriendo, una a una, las restantes y de cada una de ellas, extrajeron una perla tan grande como la primera. Reunieron ocho perlas. Una verdadera fortuna. De pronto, las botas maravillosas habían cambiado totalmente, estaban nuevas, relucientes, como si aquella misma tarde hubiesen salido del taller. Sin dudarlo un sólo instante, Oscarín las desató y se las puso, le sentaban también, que incluso parecía que tenía los calcetines puestos.
Al fin, habían conseguido llegar a su destino. Y se cumplió el sueño del viejo zapatero. Aquel niño, con la fortuna de las perlas, y su esfuerzo personal, hizo feliz a toda su familia.
- ¿Sabéis que fue de aquel niño de corazón noble?
Entre otras cosas, Oscar, tiene una fábrica de calzado deportivo donde trabajan muchos niños que trabajaban, como él, en el maloliente basurero.
¿Sabéis donde están las botas maravillosas? En una estantería acristalada, de sus grandes almacenes, esperando a que un niño, como tú, las vaya a comprar.                                                       
                                                       FIN
Watashi ga nihongo de hanashi o shinakereba naranai.
                     
OSCORÍN subarashī to būtsu.
Asturquín
Furui kutsu shokunin wa, kare no chīsana kōbō de, kare no kessaku, nagai 1-nichi, watashi ga jissai ni yatta koto o yumemite, karera no kokoronouchi ni daite ita 1 ni narudarou. Kare wa yamamori no henkō subete no gensō o mite, fitto shite sewa o shimasu kodomo, son'nani aiwokomete tsukura re, supōtsu no būtsu o kangaeta. Korera no yoi negai o dōsa sa seru ni oku to, Saisho ni kare no dezain wa, shori-godatta. Sorera ga shūryō suru made no sutetchi de sutetchi shi, sorezore, kangae o irete, nagai jikan ga kakarimashita. Kare wa, aisuru kodomonotameni kono sutetchi o itta. Sore, shitto ya kono tade wanai 1, tewatasu jidō ni yoru shinsetsuna shōnen, kono 1 ni yoru. Saigo ni, 1-nichi, hokori ni omo~tsu te kare no kessaku, subarashī būtsu o mita. Kare wa kare no saigo no negai o shita: Karera wa, gensō o motsu kodomo no te de, anata no yōna otokonoko sorera no utsukushī būtsudeshita. Sore wa itsumo isshōkenmei shigoto o shite ita toshi, yūjin no shōjiki, chūjitsuna yūjin, hijō ni yoi nakama de, furui kutsu shokunin ga sunde imashita. Kare wa kare no yūjin no hitori ga, jibun no yokubō o kōkai, bumon o jikkō shita karera no subarashī būtsu, depāto, engi, manzoku shite itanode, kanemochidatta. - Watashi wa subete no kodomo-tachi ga miru koto ga dekiru yō ni būtsu no kono pea wa, watashi wa, medatsu basho ni sarasa reta koto o, kare ni yoru to, negatte imasu. Watashi wa, itsu made mo sono don'na kodomo o kaudeshou. I~tsu te, sono yūjin ga iru, garasu tana no ue ni oi būtsu o nokoshi itta-go, nakama no senbō: Kutsu, būtsu, surippa, supōtsu, sonohoka no subete no kazoku no kutsu. Būtsu wa, shōsan o kanji hokorashige ni jibun no dezain o hyōji sa re, karera ga mitsuketa toki no kodomo wa, kare wa furui kutsu shokunin o nozonde ita tame, tasuke o motte iru ni ataisuru no ka gimon ni omoimashita. Waza wai. Sōde wa arimasen. Kodomo ga sono naka ni kotei sa re, ikutsu ka wa hijō ni atarashī mi ni tsukete itaga, subarashī būtsu o kōnyū suru koto o kettei shita. Mama wa itta: Anata wa mimasu ka? Musuko, anata wa mada atarashī o kite iru. - Kōnyū suru koto! Tsumari, kōnyū! Amayakasa rete sodatta ko, kan shaku-go kan shaku o shuchō shita. Dochira mo, ganko ni, saishūtekini, sono wagamamana kodomo no kibō ni kamei, kichōna būtsu o katteshimatta. - Watashi wa, anata ga nagai jikan no tame ni sorera o shiyō shi, kare o keri, okāsan ga itta negatte imasu. , Karera ga itanode, kichōna, watashi wa kare no yūjin ga purei suru mae ni, kare wa totemo utsukushī, hoka no koto ga dekimasendeshita, watashi wa karera ni sonohi no gogo o jiman suru tsumoridatta koto o kakunin gaikan wa hontōni yuiitsu kyōmi o motte ita. Sukunakutomo, sorera ga gensō o mitasu koto ga dekiru supōtsu no tame no kaitekina orijinaru no dezain, , , mochiron, shōnen wa rikai shite inai to, sokutei suru tame ni tsukura reta to iu kotodesu. - E~tsu! Betsu no kangae ni kono kurai, būtsu to wa nanidesu ka. - Watashitachiha dan bōru-bako no naka ni iru, shinpaishinaide kudasai. Watashitachi wa chōdo kodomo o katta. Wareware wa futatabi hikari o miru toki, wareware wa jibun-tachi no machi no tōri o aruitemasu. Sore wa būtsu! Anata wa dono yō ni doko de katta? Komento shi yūjin wa, gakkō de shōsan shita. Būtsu wa, sorera o suitei shi, dono yō ni kodomo jibun-tachi no naka de itta, kare ni shōsan ni kansha shita. Shikashi, ā! 4-Nichi-me ni, kare ga ie ni kaetta toki ni sorera no tsukare, kare wa, kare no kutsu o nuide, kanzen'na hōki de sorera o nokoshite, kurōzetto ni kutsu o fukumete rirīsu sa reta. Karera wa, sono heya ni, kitanai kankyō, mushi-bi to hibi o sugoshita. Kono-ko o dan'nen shita. Dare mo yakunitatanai ga fushigi ni mi ni tsukete imasen. - Naze, watashitachi no furui koburā no doryoku? Sū-kagetsu ga sugi... - Watashi wa unzarida! Mama wa heya ni hairu, 1-nichi nobeta. Watashi wa subete no korera no kutsu o atsume, anata wa kare ga kare no musuko ni itta, motomete ori, furugi no yōki ni hōchi shinaide kudasai, watashi wa dare ka ga shiyō suru koto o kakushin shite irushi, shōgai to naru koto ga ijō no nanika no tame ni yakudatsudeshou. Karera no himo de musuba re, kare no ie no doa kara wazuka sū mētorudatta yōki ni ire, binīru-bukuro, , ni oshikome. Kago, hanarete potetokurīningu, orenji no kawa ya hoka no haiki-mono to no ma de nage raretashi, yogore no jōtai o kangaeru to, nageita. - Sore ga watashitachi no kanashī unmeida, wareware wa wareware no mokutekichi o rikai shōnen o, mitsukeru koto ga dekinakatta. - Anata ga issho ni iru ma, tabun watashitachi wa sore o mitsuke, shinpaishinaide kudasai. Kore wa ai de tsukura rete, watashitachi no saishū-tekina koto wa dekimasen. Gomi no ma tsutsuma, sūjikan no tame ni sorera o hakobu torakku no enjin-on o kanjita. Karera wa umi ni mukatte idō suru, rōringu teishi shita koto ga nai, danputorakku de sono fuka o subette itaga, shamen kahō ni binīru-bukuro no naka ni, hashirimawatta. Saigo ni mizu no soko ni suingu suru koto ga, tsumetai shimetta to, chokugo ni, hitashi, hitashi ni kan'yo shite ita shotto no ryōhō. Kairyū wa ima made yori fukaku, tōku, tōku, sorera o hakonda. Karera wa sū-nen, nan-kagetsu mo tsuiyashita... Aru Ni~Tsu, anata wa iwa no ma, suichū ashidome sa remashita, mohaya nokori no purasuchikku wa, saisho wa dōkō shinakatta. Nagaiai, kōtingu sa reta kaisō o Ippon-han no suna ni umoreta nochi, karera wa nagaiai nokotta. Hijō ni kyōryokuna denryū wa, sore ga sakujo sa reta subete no kaiteita. Suna, iwa, sōrui ya sakana wa hoka no fando ni, jibun no basho kara surō sa reta. Sutekina būtsu wa, sono u~erutā ni kan'yo shita ta no kikai ni, ōgata kujira-rui wa, nesshin ni tabemono o motomete kyōgi-ba ni atarashī to sofutobotomu denryū no kimagure ni ima yure, soshite··· A to Ōkina kujira ga nomikonda. Kanojo no onaka no naka de ichinen'ijō kurayami ni nokotta. Shikashi... Mada atarashī episōdo o matte, koko ni anata no tabi o shūryō shinaide kudasai. Karera wa, jikan ga keika shite jōkyō ga, issho ni nokotte sae mo, gimon ni omoimashita. Sō, karera wa suna ni michite ita sei ka, omoku kanjita. Machigainai, furui kutsu shokunin no mahō wa, karera to issho ni ita. Osoraku, koko ni nazodatta. Kujira wa, jiyū ni torikomu tame ni nesshin ni mitsuryō-sha ga hinpan ni umi o oyoida. Tokiori, kokyū, kūki ni hyōmen ni jōshō shita. Ōkina kujira o baunsu ōgata jetto wa, korera no hiretsuna, hogei no 1 de supotto shita. Sutekina būtsu wa, shibarakunoaida wa ikanaru imi o keiken suru koto naku kurayami, Apanas o ryokō, shūi ni shōgeki o kanjita. Kaiyō honyūrui no kyodaina karada ni umekoma re, furui kare mori· mori. Sono kyodaina shizen ga shinde ita, chēn ni hikizura senbi,-sen ni kanpan ni kakage, kare no emono de, kare wa hogei wa karera no gyakusatsu o hajimeta sūjitsu, sono pōto ni tōtatsu suru ni wa, no tame ni kōkai shita. Karera wa futatabi sore-yue, gomi o kare no i no būtsu o sakujo shimashita. Saido, korera wa, hakuri no ma ni atta. - Toki, soreha subete shūryō shimasu? Karera wa gimon ni omoimashita. Itsuka watashitachiha watashitachi o hitsuyō to suru kodomo o mitsukeru koto ga deki, 1-rida. - Hai, shikashi, wareware wa wareware ga shite iru yōna o somatsuna jōtai de hōshi shiyou to shite iru no ka wakaranai, hoka wa nobete imasu. Korera no idaina toshi no hitotsude wa, kōgai no hijō ni mazushī hitobito ga imashita. Karera wa tōri wa, doro-darakedatta ni wa mado ga naku, anata ga motte iru mono no yōna toire o motte ita, buriki kan to hijō ni warui zairyō de tsukura reta koya ni sunde ita. Karera wa, kare ga motte ita ikutsu ka no jōhō-gen kara mizu o toridasu tame ni tōkunakereba naranakatta. Tabemono ga fusoku shite itashi, kodomo-tachi ga gakkō ni itte inai. Korera no kodomo-tachi wa, hijō ni yūkandatta senkō shite iru koto o eru tame ni, Mainichi, ryōshin o tasuke, sukunakutomo, karera no kyōdai wa, karera no kuchi ni irete nanika o motte ita. Mainichi shotō, kare no okāsan ni wakare o i~tsu te, wazuka 6-nendeatta Oscarin,. Sore ni kisu o ataeta nochi, ōkina kitanai fukuro to kare ga tsukutta kushi o tsukan; Sagyō-yō pasu wa, uta to fukō no kare no yūjin to asonde ita. Go sōzō no tōri, Oscarin wa yoi akachandatta, kare wa riko-tekide wa nakatta, kare no kazoku o tasukeru tame ni kachigāru kanōsei ga aru no wa, fujūbundatta. Kare wa subete no kodomo no yō ni, gakkō ni iku no ga sukidatta ga, dekinakattadarou. Watashi wa ōku no yume, ōkina kitai o motte ite, sorera o genjitsu no mono ni suru hōhō o shirimasendeshita. Kare wa, 1-nichi no tsukurikata, sore ga sa reta hōhō ga, mottomo tekisetsude wa nakatta koto o shitteita ga, kare no shinkō wa subarashikatta. Watashi wa yume o mite hokan. Sutekina-ka, jitensha, hijō ni yoi kutsu o motte iru to hanbetsu jinsei o nokoshite, gakkō ni iku koto ga dekiru. Tsuneni taiyō ni motsureta kami, kegareta tsume, hibiwareta hifu o takusan mi ni tsukete itashi, karera wa chairo ya hoka no mono no seihin'naraba, ashi wa shiranai. Subete no kare no yūjin no yō ni, shikashi, sono naibu wa taiyō no yō ni kagayaite ita, hijō ni warui kusai. Karera ga hataraku basho o shitte imasu ka? Ōkibona shūshū ni, karera wa doko ni yakunitatanai subete no mono o teishi suru tsumoridatta. Karera ga mottomo tekisetsudearu to kangae nani o pikkuappu suru junbi o shite, iraira shite saisho no torakku o matteimasu. Kare no supaiku wa, binīru-bukuro, akikan ga kyatchi, subete no shurui no kan, sabita tetsu, dōsen o yabutta, to furūtsu no o-ten no ue ni nokoshita. Kono yō ni, karera no fukuro o umeru tame ni honeo~tsu. Oscarin, kare no wakai nenrei nimokakawarazu, kare wa kanzen'na toki ni kare no fukuro wa 30-kiro ni watari, shikashi kuru to no kanōsei ga hijō ni tsuyokatta. Watashi wa kata o rōdo shi, kare no baransu o tamotsu tame ni yure, mikaeri ni, kare ni sū-sento o ataeta, haihin, made nan mairu o koete kare o tsurete itta. Soshite, kidō ni bakkuappu shimasu. Dakara, kare jishin to kare no kyōdai no tame ni inochi o kaseida. Yūgata ni wa ie ni kaette kita toki, watashi ga yatte mitakatta subete wa, suimin de, anata no yume ni tobikomu. Aru Chō, kare no kushi, kōdo o hikkakete, sore o hippatte, sore wa atarashī furippunode, yogoreta mono no būtsu o sakujo shi, kosuto to kanojo no te ni sorera o totta. Omoidatta karera wa, watashi wa jikan sora o muda ni shinai koto ga deki, sugu ni fukuro ni nageta, suna de mitasa re, sore o umeru tame ni amarini mo ōku isoi o yūshite ita koto ni kidzuita. Kare wa gogo ni ie ni tsuita toki, kare no fukuro no naka ni atsumatte ita būtsu ya rakuyō kajitsu no hanbun o, mi ni tsukete iru. Kanojo no hahaoya wa, tazuneta - soshite, korera no būtsu? Anata ga toru nandesuka? Anata wa karera ga hijō ni amayakasa rete sodatte iru miru koto ga dekinai ka. Oscarin, kansatsu-sha wa, itta: - Mama, watashi wa kōkishin ni teikō suru koto ga dekimasendeshita. Watashi wa dare mo tsukawanakatta ka no yō ni ashi no ura ni wa, kanzen ni atarashīdatta koto o mita. Dōjini, kare wa doro ya suna o jokyo suru tame ni hajimeta, karera wa naibu no motte ita. - Shikashi... Korehanani? Kare no te wa uchigawa ni haritsukike, hādona mono ni sōgū shite ita. Kore wa, sheru no yōna monodatta. Sore wa jissai ni subarashī kakideshita. Rippingu shite,-betsu no, mou. Soshite 4 ni wa onaji kidō. Isoide hoka no būto o hiroi, onaji koto ga okotta. Shi dai kaki wa, naibu ni tachiōjō shita. Mama no ga hajimarida. Watashi wa ikutsu ka no bīzu ga teiki sa rete iru koto o kiite ita, to karera wa ōku no okane no kachi ga atta. Idaina netsui o motte, Oscarin wa saisho o ai kaishi shimashita. Sapuraizu! Kare no me no mae ni hēzerunattsu kagiri ōkiku, azayakana pāruhowaito ga tōjō. Karera wa, karera ga mite ita mono o shinjiru koto ga dekinakatta, azen, chinmoku no naka de mitsumete ita. Idaina kōfun shite, kare no okāsan to otōsan to, karera wa, 1tsu zutsu aite, hoka no onōno ga dai 1 bīdo no ōki-sa to shite chūshutsu sa reta. Karera wa, 8 shinju ni atta. Fōchun. Gogo wa mise o deta ka no yō ni totsuzen, subarashī būtsu wa kanzen ni, karera wa kōtakunoaru, atarashīdatta, kawatte ita. Insutanto o chūcho suru koto naku, Oscarin wa tokihanata rete, kare wa sarani ue no kutsushita o motte iru yō ni mieta koto o, mata doyō oku. Saigo ni, karera wa mokutekichi ni tōtatsu suru tame ni kanri shite ita. Soshite yume wa hontō no furui kutsu shokunin ga kita. Kodomo hitori wa, bīzu no unmei, soshite kojin-tekina doryoku de, kanojo no kazoku zen'in ga shiawaseni shita. - Anata wa kono-ko ga kōkina kokorodatta koto o shitte iru? Toriwake, osukā wa, kare no yōna ōku no hataraku kodomo ga kusai danpu de hataraita supōtsu kutsu kōjō o motte imasu. Būtsu wa subarashī doko ka shitte imasu ka. Garasu tanade wa, sono depātode wa, anata no yōna otokonoko no tame no anata no mise o matte iru.
                                                                                                                                                                               Endo

Monday, May 05, 2014





UN RESCATE PARA EL MUNICIPIO


LA ERMITA-CAPILLA DE TRES CANTOS
                             (Siglo XIX) 
                                                                                                          Marcos Mayorga Noval
                                                                                                                                                         
Cuando se toma la carretera del castillo de Viñuelas, por la primera desviación hacia el Municipio de Tres Cantos sentido Madrid Colmenar Viejo, después de dejar a la derecha la entrada a la finca del citado castillo, pasamos el puente de piedra y magnífica factura, sobre el arroyo Bodonal que tantas veces cruzaron allá por el Siglo XIX los antiguos propietarios de la Finca de la Vega del Registrador, como actualmente se conoce este lugar y que ellos llamaban la Vega de la Moraleja, para inmediatamente desviarnos a la izquierda tomando francamente la dirección de dicha finca,  a tan solo dos o tres centenares de metros.
Hace ya más de un cuarto de siglo, cuando aún Tres Cantos no se conocía como Municipio independiente sino formando parte del termino de Colmenar Viejo, llegamos los primeros ciudadanos, fue entonces cuando en mis horas de ocio recorría sus campos tratando de encontrar vestigios de un pasado que sirviese para configurar lo que podría llamarse su historia anterior.

 Fue así como camino del castillo de Viñuelas, paseaba por la finca de la Vega del Registrador, aquellas antiguas edificaciones que como ya he dicho, los vecinos de Colmenar Viejo llamaban por tener su primer propietario esta profesión, aunque en los planos antiguos figura con el nombre de Casas de la Moraleja, di con los restos de lo que fuera en su tiempo una ermita o una capilla. Allí estaban los sillares de granito perfectamente labrados por los canteros colmenareños, dispersos sobre el suelo por haber sido abatido por las inclemencias del tiempo. Decidido a que no se perdieran por efecto de la depredación, desde ese mismo momento, traté de avisar a las autoridades municipales para que este frontispicio no se perdiera en la noche de los tiempos y ocupara un lugar entre nosotros.
Sin embargo fue el antiguo jefe de estación de Renfe y fundador del Grupo Literario Encuentros, Bartolomé Pinar quien se interesó por el tema, haciendo una de las primeras visitas a sus ruinas. Desgraciadamente un fatal accidente durante el cometido de su servicio, dio al traste con el original apoyo con el que contaba para sacar del olvido estas piedras que con tanto esmero realizaron, a finales del Siglo XIX, aquellos canteros y que durante la guerra habían dado cobijo a más de un combatiente y posteriormente para otros usos distintos al culto.
De resultas quedó muy deteriorada en su interior, así estaba cuando la adquirieron después los nuevos dueños que la utilizaron como granero, según recuerda una de sus descendientes que así la vio cuando tan solo era una niña, ella recuerda que las jambas de la puerta de entrada eran dos enormes sillares que sostenían las cargas del dintel, única pieza de la entrada que se conserva, ambas piezas desaparecidas.
 Pasaron los años, algunos vestigios en piedra que se encontraban entonces fueron desapareciendo por efecto de la depredación, verbi gracia: cruces de piedra que se levantaron en algunos lugares en recuerdo del lugar, donde alguno de los lugareños fue alcanzado por un rayo o brocales de alguno de los pozos, de este mismo material, por lo tanto temía que aquellos sillares de la ermita hubieran sufrido igual tratamiento, sin embargo no fue así, algunos fueron respetadas por lo que de nuevo insistí en el tema.
 Mi carta al Sr. Alcalde acompañada de un pequeño dossier fotográfico surtió efecto, interesándose la primera autoridad municipal por el tema y es en este año de 2009 cuando las autoridades municipales de Tres Cantos inician el proyecto por lo que procedí, a petición de esta citada Corporación Municipal, a catalogar de nuevo los sillares con la finalidad de rescatarlas definitivamente.
El verdadero interés de su recuperación estriba en que ha sido la única ermita que se levantó en el término del nuevo Municipio. Una ermita - capilla que estuvo en la finca de la Vega del Registrador, propiedad que fuera de una familia de Colmenar, “los Cornelio” y que luego pasó a manos, según transmisión oral, de una empresa denominada Santa Mónica. Solamente se conservan de ella parte de los magníficos sillares de granito que componían su austera fachada, con lienzos de ladrillo de tejar. Su puerta lo más probable de madera de doble hoja con un ancho aproximadamente de un metro y veinte centímetros, a juzgar por la distancia existente entre los huecos en el sillar que daba acceso al edificio y que correspondían a los apoyos donde se incrustaban los dos dinteles de madera del marco de aquella.

Un sillar de granito de 2,15 m de largo de forma prismática perfectamente labrada y 0.42 de ancho, medida esta que corresponde a la achura del muro frontero de la ermita. Una ventana en la parte derecha  y un pequeño campanario sobre la cornisa adintelada completaban su configuración. Las puertas se abrían hacia el interior y tenían un espesor de 6 cms.
De planta rectangular, se encontraba adosada al resto de edificaciones de la finca y orientada a occidente, con una cubierta de teja árabe, a dos aguas. Durante la excavación de estos últimos sillares, se ha podido comprobar que el suelo del lugar sagrado era de cemento, con dibujo de líneas grabadas en él formando cuadrados con sus diagonales.
Posteriormente he comprobado que este es un trozo de suelo antiguo, ya que después se arregló seguramente a causa del deterioro sufrido durante la guerra, utilizada como almacén o refugio circunstancial, con una lechada de cemento que aparece completamente liso a todo lo largo y ancho de la planta, a tenor de las catas aleatorias efectuadas, por lo tanto aquella porción dibujada, quiero suponer que fue dejada como testigo, a propósito.
Delante y a todo lo ancho de la fachada principal de la ermita, el suelo de acceso a la misma se realizó con cantos rodados. Unos pequeños trozos de alambres, entrecruzados sujetos a pedazos de cemento indican que, probablemente, en su última etapa de utilización, desaparecidos los cristales, la ventana estaba protegida por una alambrada. Los escombros que se acumulan tanto en el interior como en el exterior del edificio, contienen innumerables trozos de ladrillos de tejar, que podrían llegado el caso volver a ser utilizados en una hipotética labor de recuperación del frontispicio.
La aparición de clavos de cierta antigüedad, parece señalar que las piezas de madera que formaban parte de puerta y ventana, nos remontan al Siglo XIX, así como el material de albañilería tal como el recubrimiento de las paredes interiores o los citados ladrillos con muchas posibilidades venidos de la antigua tejara de Colmenar Viejo.
Son ladrillos ensamblados con argamasa que se emplearon hasta las postrimerías del Siglo XIX. Se trata de un ladrillo irregular en su formato y también en su color, hechos a mano por lo que son toscos y de caras muy rugosas y no muy planas, por lo que el plano de la fábrica del muro presenta también un carácter irregular. En su ejecución, en este caso a tizón, es decir con la cara más estrecha al exterior, se cuida la trabazón por lo que las juntas verticales no coinciden en las hiladas consecutivas.
Las dos esquinas del frontispicio se refuerzan con dos cadenas de estructura vertical, de sillares de granito de las canteras de Colmenar a soga y tizón, con el objeto de reforzar los muros. Una de las jambas de la ventana es de este mismo material así como los dinteles tanto de ésta como el de la puerta de entrada.
La parte superior o cornisa, está compuesta por cinco sillares con caveto, una moldura ornamental cóncava con perfil de 1/4 de círculo. Encima de ella destacaba el campanile que albergaba una pequeña campana hoy desaparecida, posiblemente falte una pieza de piedra en forma triangular que remataba el mismo, pues debió tener una apariencia muy similar al campanile de la ermita de Santa Ana de Colmenar Viejo
En los lienzos o muros laterales de sillarejo se aprecia dos etapas en su levantamiento, siendo de mejor factura la parte inferior.
A la inspección de los restos de pared que se han conservado enterrado entre los escombros, se puede observar que desde sus orígenes, al menos se ha enlucido la pared interior en dos ocasiones y que en el primero se había pintado un zócalo oscuro de 14/15 cms.
También se observa por las marcas que se aprecian, en uno de los muros interiores que correspondían a cinco o seis vigas de madera, de 10 centímetros de ancho cada una y separadas un metro setenta y cinco centímetros, posiblemente recubiertas de cierto enfoscado. A medida que se sigue descombrando van apareciendo clavos corroídos de hierro de sección  cuadrangular, forjados a mano correspondientes al Siglo XIX y tacos de madera utilizados en el ensamblaje de las vigas del maderamen del tejado.
De la investigación sobre planos antiguos, realizada en la Cartoteca del Servicio Geográfico del Ejército, se deduce que en 1875, en la Hoja 534 de Colmenar Viejo E:1/50.000 existía en el lugar, una construcción. Posiblemente a esta primera fase constructiva corresponda una de las partes inferiores del muro sur y que correspondía a esta caseta antigua. Posteriormente en un plano de 1929 sigue señalándose este mismo punto. No será hasta 1949 y 1951 E: 1/25000 correspondiente a Viñuelas Hoja 534/1, cuando ya se especifica el lugar como Casas de la Moraleja. Teniendo en cuenta que según testigos presenciales ya existía la ermita en 1936, parece seguir siendo aceptable las fechas de su construcción, a caballo de los siglos XIX y XX. .
Desgraciadamente los documentos notariales más allá de 1940 desaparecieron del Archivo de Colmenar Viejo, quemados como consecuencia de la guerra de 1936, así me lo confirmaron en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, aunque el archivero de la parroquia de la Basílica, Sr. Jaime Hernández, cuya colaboración ha sido inestimable,  tenía oído que la finca era propiedad del Registrador de la propiedad Don Santiago Muñiz que también era dueño del edificio que alberga hoy en esta localidad el Centro Cultural, y antes albergue del Registro de la Propiedad de Colmenar, enfrente de la citada iglesia, que fue quien se la vendió a Don José Francisco Marivella “de los Cornelios” en la década de los treinta del Siglo XX.
Prosiguiendo en la investigación, ahora sabemos que quien fundó la Vega de la Moraleja fue Don Santiago Muñiz López, natural de Madrid, nacido en 1850, durante la Década Moderada, bajo el reinado de Isabel II, que había sido bautizado en la parroquia de San Luis y que casó con Doña Luisa Oneca, bautizada en la parroquia de San Martín, también de la capital. Que el padre, el Excmo. Sr.  Don José Muñiz había sido Presidente de la Sala Tercera de la Audiencia de Madrid, nacido en Zamora en la localidad de Fuente de Rapel, casado con una dama de noble casa, la Excmª. Srª. Doña Agustina López Zaldibar.
Vivieron en la finca de la Vega de la Moraleja, con sus tres hijos: Agustina, Joaquín y Luis. Don Santiago Muñíz López fue el que decidió construir esta capilla, adosada a otras edificaciones que debió levantar en las mismas fechas y que corresponden a las caballerizas, a las bodegas y a su lugar de residencia, una casa señorial construida en tres plantas con materiales y maderas nobles, formando un conjunto que en aquel último tercio del Siglo XIX, rodeada por plantaciones de viñedos que debió de constituir un hito en estos contornos. De sus caballerizas aún se pueden observar los pesebres de las caballerías y una bodega con enormes tinajas de las que tuve la ocasión de ver algunas casi completas, hoy totalmente destruidas y de cuya construcción fue autor el constructor de tinajas “Estecha”. En este lugar falleció, a la edad de setenta y dos años, siendo enterrado en el cementerio de Colmenar Viejo en tres de febrero de 1922.
De sus hijos posemos los siguientes datos: Don Luis Muñíz y Oneca fue Notario de Valladolid por 1957, año en que fue nombrado Archivero General de Protocolo del Distrito Notarial de esta ciudad, según Orden de 21  de noviembre de 1957 BOE. Núm. 30. Pág. 7148.
Por su expediente universitario, entresacado del Archivo Histórico Nacional (sig: UNIVERSIDADES 6700, Exp.19), de Don Joaquín Muñiz y Oneca se sabe que después de obtener el Bachiller en junio de 1896, en el Instituto de Cardenal Cisneros de Madrid se matriculo en la Facultad de Derecho para luego pasar a la de Filosofía y Letras, obteniendo el grado de Licenciado el 1 de mayo de 1901 cuando tenía 21 años. Había nacido en Colmenar Viejo, aunque vivía en estas fechas en la calle Claudio Coello nº 24. 4º principal de la capital. Por lo tanto su año de nacimiento era el de 1880. He aquí la recreación de su firma:
La hija se llamaba Agustina, igual que la abuela, Muñiz y Oneca, pintó un cuadro de la Virgen de los Remedios, a la cual es posible que estuviese dedicada la capilla, dicho cuadro se conserva hoy en el baptisterio de la basílica de Colmenar Viejo Al menos estos dos últimos fueron bautizados en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, cuya pila bautismal data de tiempos de los Reyes Católicos.
Respecto a la genealogía de este apellido, se tiene noticia que en 1024 Don Alfonso Díaz era conde en la Corte del rey Don Fernando y que su hijo Don Alfonso Muñíz, casado con Doña Aldonza, era propietario de extensas heredades en el valle del río Cea. El hijo de este Martín Alfonso fue conde en la corte de Alfonso VI
Los Muñiz, según el Nobiliario Español de Julio Atienza, son de origen asturiano. Probaron  su nobleza en las Ordenes de Santiago (1539 y 1757) y Carlos III (1788) y numerosas veces en la Real Chancillería de Valladolid, así como en la Real Audiencia de Oviedo. Don Alonso Muñiz Caso y Osorio fue creado marqués de Camino de Villar en 28 de a de 1750. Sus armas: los del Concejo de Carreño traen en campo de plata, un águila imperial y exployada de sable; bordura de sinople con ocho aspas de oro.
Las del Concejo de Allande traen: un castillo acompañado de un tejo en el flanco diestro, una flor de lis en el siniestro y una estrella encima; delante del castillo un caballero jinete hincando la lanza en la boca de un oso que está asido por dos lebreles; detrás algunos monteros y una caldera a un lado ignorándose los esmaltes.
El emperador Don Carlos I concedió por privilegio dado en 8 de diciembre de 1535, el siguiente escudo cortado: 1º en campo de azur, una estrella de oro; medio partido de lo mismo con otra estrella de oro y 2º en campo de sinople, una torre en plata. Bordura de gules con ocho flores de lis de oro.
El título de Conde de Villapadierna se concedió en 1878 a Don Felipe Padierna de Villapadierna y Muñiz. Caballero de Santiago, de esta familia que ocupó esta finca que con el tiempo iba a formar parte del nuevo Municipio de Tres Cantos, tío de Don Santiago Muñiz, y padrino de su hija Agustina.
Don León Padierna de Villapadierna y Muñíz, hijo de Don Felipe, fue senador por y diputado  por Zamora en 1886 y 1893.
El Conde de Villapadierna debió visitar con frecuencia la finca de su pariente de la vega de la Moraleja, aficionado como era a los caballos y donde disfrutó con el resto de la familia, probando los buenos caldos que se extraían de sus bodegas y recorriendo placenteros paseos por las tierras tricantinas, sobre lomos  de nobles cabalgaduras que ocupaban los establos de sus caballerizas e igualmente irían a depositar sus oraciones en la ermita que a la postre sería testigo del fallecimiento de quien la edificó: Don Santiago.
DE LA FAMILIA MUÑÍZ QUE LLEGÓ A TRES CANTOS.
Después de requeridos de los archivos considerados, se ha conseguido parte de la documentación de los Muñiz, llegados a tierras de lo que sería el Municipio de Tres Cantos procedentes de la comarca del Cea y donde dejaron su impronta en uno de los monumentos que se erigen en nuestra ciudad: los restos  de la ermita de la finca de la Vega del Registrador que sus ascendientes levantaron en la ribera del arroyo del Bodonal.
Don José Muñíz estudió en el seminario Conciliar de San Mateo de la Villa de Valderas. Cursó en él estudios de Lógica. Ontología y Matemáticas, Física General y particular, “asistiendo a dos lecciones diarias, y a los respectivos ejercicios académicos, leyendo, arguyendo, y defendiendo, componiendo, o disertando con puntualidad, aplicación, y aprovechamiento en la forma prevenida por los Estatutos de este Seminario, y novísimas Reales órdenes” “habiendo sido examinado, y aprobado de Latinidad, admitido, y matriculado en debido tiempo y forma, para oír facultad en este Colegio, ha ganado desde S. Lucas del año pasado de mil ochocientos treinta y tres hasta San Juan de Junio de mil ochocientos treinta y cinco Curso completo”.
Así lo hace constar Don Gerónimo Fernández Sarabia Presbítero, Rector del dicho Seminario, a la hora de emitir certificación para que se le convalidaran estas materias en la Universidad de Valladolid, a la que se incorporó por Real Privilegio, dependiente de la Real Universidad de Salamanca.
 Don José Muñiz Alaix llegó a Madrid, procedente de la villa de Fuentes de Ropel, donde nació. Según consta en el “Indicador de Madrid donde figuran todos sus habitantes” para el año 1858, obra escrita por D. Fernando Domingo, vivió en la calle de Farmacia nº 6 y también en la calle Lobo nº 23, hoy Echegaray, que fue una de las calles que primero se iluminaron con gas en Madrid, los años en que ejerció como abogado  en el Juzgado de Primera Instancia y fue Promotor Fiscal. Veremos que residió en otros domicilios de la capital.
Llegaría a ser Presidente de la Sala Tercera de la Audiencia de la capital del Estado, casando con la Excmª. Srª. Doña Agustina López Zaldivar, que fue bautizada en 12 de abril de 1824, en la parroquia de San Martín de Madrid (63 Bautizos. Folio 186 v.), hija legítima de Don Juan Antonio López natural de Santurce (Vizcaya) y de Doña Venancia Gabriela Zaldivar  (conocida como Valentina), de Vitoria (Álava). Fueron sus abuelos paternos: Don Pedro de Bilbao y Doña María Antonia de Dulon y Arrivaga de Villa de Portugalete (Vizcaya). Abuelos maternos Don Joaquín (Vitoria) y Doña Concepción de Larrea, natural de Belunza (Álava). Nació en la calle de Panaderos de Madrid. El matrimonio tuvo al menos dos hijos: Santiago y Carmen.
El expediente personal  del Magistrado Don José Muñiz Alaix se encuentra en el Archivo Histórico Nacional (ES. 28079 AHN/1.2.2.1.69 FC - Mº JUSTICIA – MAG - JUECES,4571, Exp.4899), de cuyo estudio podemos seguir cronológicamente su carrera como magistrado hasta su jubilación. Nació  el 26 de Diciembre de 1819 en Fuentes de Ropel. Estudio la carrera de derecho en la Universidad de Salamanca, provincia donde tenía la familia bienes, obteniendo el Título el 23 de Diciembre de 1842. Lo encontramos en Madrid en la Guía de Forasteros en 1850. En 25 de septiembre de 1847 contrajo matrimonio con Doña Agustina López  Zaldivar en la parroquia de San Luis de Madrid, cuando a la sazón ejercía  como Promotor Fiscal en la Audiencia de Benavente.
Este año su padre, Vicente Muñíz nacido en Salamanca, se encontraba gravemente enfermo, como consecuencia  tuvo que pedir licencia para cuidar de él en Fuente de Ropel; al poco fallecería dejando otros nueve hijos.
En 1852 moriría un hijo de Don José Muñíz en Fuentes de Ropel, hermano de Don Santiago y de Carmen. Por este expediente se sabe que vivió en la calle  de San Miguel  nº 27, 2º izq. En 1870 y en la de  Serrano  nº 54 principal  en 1875.
En  1843 por acuerdo de la Junta de Gobierno de la villa de Valderas (León) fue nombrado Promotor Fiscal del Juzgado que se creó en la misma villa a consecuencia del Pronunciamiento Nacional ocurrido en 1843 como cabeza de partido que lo era de 19 pueblos y tomando posesión el 22 de julio de 1843, aunque tan solo estuvo hasta septiembre de 1843.
En Durango en 1847. En Benavente en 1848. Ese mismo año lo fue de Segovia. Estuvo ejerciendo como Juez en Valencia en 1865. En Oviedo  en 1867, donde ascendió a Presidente de la sala de esta capital asturiana. El 13 de enero de 1848 obtuvo el nombramiento de Secretario honorario de S.M. Estuvo adscrito al Ilustre Colegio de Madrid trece años, desde 1845 como abogado de pobres. En la Guía de Forasteros de 1850 aparece como Promotor Fiscal del Distrito de Embajadores y en 1852 era Promotor fiscal del distrito de Maravillas. En 1864 era Juez del Distrito del Hospicio  de Madrid, antes lo había sido del distrito de Barquillo. En 1968 fue declarado cesante en la Audiencia de Granada. Estaba incluido en el  escalafón publicado en la Gaceta de 12 de noviembre de 1871 en el número de Presidentes de Sala cesantes, calificado favorablemente para darle ingreso en la carrera por decreto de 18 de diciembre de 1871, es en 26 de agosto de 1873 nombrado Presidente de la Sala Cuarta de la misma Audiencia.
No gozaba de buena salud, desde la muerte de su hijo en Fuentes de Ropel,  fue a más la enfermedad que padecía, Hemoptisis ya en 1850, en 1859 sufrió un infarto de hígado y sus dolencias le acompañarían hasta su fallecimiento. Era frecuente sus visitas y las licencias que pedía para restablecer su salud en los baños, sobre todo en los meses de verano: Panticosa, Cestona, Ledesma eran sus preferencias, donde la temperatura era más benigna.
En 1883 se hallaba viviendo en Madrid en la calle Claudio Coello nº15, cuando los médicos certificaron la incompatibilidad de mover los dedos de la mano derecha, que se refleja en las firmas con trazo tembloroso de sus últimas instancias, año en que el rey Alfonso le firmó en Palacio su jubilación con los honores  de Presidente de Sala del Tribunal Supremo en 8 de octubre. Falleció el 25 de agosto de 1884.
De una de las hermanas de Don José tenemos noticia, ya que en el Archivo de Protocolos de Madrid, en el Tomo 37027. Folio 167, se encuentra el amplio y detallado testamento de Doña Petra Muñiz y Alaiz casada con el Excmo. Sr Conde de Villapadierna, Don Felipe Padierna, natural de Salamanca, de cuyo matrimonio fueron fruto: Dª Marcela, Dª Obdulia,  Dª Juana y D. León. Falleció esta mujer en Madrid, era hija de Manuela Alaiz de Castro Gonzalo y ambas naturales de astro Gonzalo provincia de Zamora, en 23 de febrero de 1891, a los 81 años de edad, ya viuda de su esposo; vivía a la sazón en la calle Claudio Coello nº 22 y fue enterrada en la Sacramental de San Justo y Pastor (patio de San Millán y Ánima) en el nicho 1403.
ANTECEDENTES GENEALOGICOS DEL APELLIDO MUÑÍZ.
De los de este apellido Muñiz que proceden de las Asturias, los encontramos en el capítulo 13, al folio 124, y epígrafe: Muñiz, apellido, su origen y ascendencia y Maestres de la Ordenes Militares de esta familia y que se encuentra en el Tomo IV de la obra cuyo autor, Don Joseph Manuel Trelles Villademoros publicó en 1760, bajo el título “Asturias Ilustrada. Primitivo origen de la Nobleza de España, compuesta de ocho tomos y que se encuentra en: Sig.- CSIC RES O7671.
“Nobleza D. Gonzalo Muñíz descendiente del tronco Real de los reyes de Asturias, casó con Munia Domna, a quien hacen hija del Rey Don Bermudo II, y de los dos fue hijo Don Moniño Viegas, llamado el Gafco, por haver eftado en Gafcuña: este casó con Doña Valido Trocofendes, hija de Don Trocofendo Guedas y los dos tuvieron a Don Egas Muñiz el Viejo, cuya muger fue Doña Tuda Herminguez; los padres de efta señora fueron Don Hermigio Alboazar, y Doña Dordia Offorez, y Don Hermigio fue hijo de el infante Don Alboazar Ramirez, y de fu muger Doña Elena Godinez, que tuvo por padre a Don Godiño de las Asturias; y de el Infante Don Alboazar lo fue el Rey Don Ramiro II; de Don Egas Muñiz, y Doña Toda Herminguez fue hijo Don Hermigio Viegas, el qual fue el padre de Don Moniño Herminguez, quien, cafando con Doña Miñana, Ayo y mayordomo de  el Rey Don Alonso Herminguez de Postugal, de los mas celebrados Heroes de fu figlo, y a quien el Conde Don Pedro llama el Honrado y bienaventurado Cavallero.
 Caso Don Egas Muñiz de primero matrimonio con Doña Mayor Paez de Silva, hija de Don Pelayo Gutierrez de Silva, Adelantado de Portugal, y de fu muger Doña Sancha Anez de Montor; y de segundo matrimonio caso con Doña Therefa Alonfo de Afturias, hijo de el Conde Don Alonfo de Afturias, nieta de Don Bermudo Ordoñez y viznieta de los Infantes Don Ordoño, y Doña Fronilda Pelaez.
De dos tan ilustres matrimonios tuvo Don Egas Muñiz diferentes hijos, descendiendo de ellos los Coellos de Portugal, y otros ilustres familias de aquel Reyno, y en Castilla los Condes de Luque, y otros muchos, haviendofe pafado a vivir a efte Reyno por los motivos que exprefan las Historias . Entre los demas ascendientes de Don Egas, Nuño Fernandez que caso con Doña Elvira Tafur; y estos dos fueron los padres de el maestre de Santiago Don Pedro Muñiz, y de eftos mifmof defcendio Doña Eufrafia Muñiz, señora de la casa de Olloniego en Afturias, la que cafo con Suero de Nava.
El Maestre Don Pedro fue cafado con Doña Maria de Figueroa, y de los dos defcendieron los de apellido de Muñiz Godoy, y los de Aguayo, señores de Villaverde, y los de Galapagares, y otro mucha nobleza, que tienen comun origen en los de los señores de la cafa de Olloniego.
El Maestre vigefimo de la misma Religion y que fucedio a Don Juan Offorez por los años de 1306, reynando Don Fernando IV,  fue Don Diego Muñiz; efte fue de la mifma Cafa, y Familia, que fu anteceffor Don Pedro Muñiz por la linea materna, y por la paterna defendia de la familia de Guzman.
El Maestre Trigefimo de la mifma Religion de Santiago fue Don Fernando Offorez, el cual afimifmo de la familia, que su antefefor Don Juan Offorez.
El Maestre Trigefiniprimero de la orden de Santiago fue Don Pedro Muñiz de Godoy cuyo linage y afcendencia fue la mifma, que la de los anteceffores los Maestreas Don Pedro y Don Diego Muñiz. Efte ultimo vivia por los años de 1384 y alcanzo los reyes Don Enrique II y Don Juan Primero con quien se hallo  en Afturias el año de 1383 y asistio a la concordia entre el Rey, y el Conde de Gijon Don Alonso y hay de efte Maestre otras muchas memorias.
De la Religion y Caballeria de Calatrava fue el quarto maestre Don Nuño Perez de Quiñones, llamado de Aviles por haver vivido en aquella villa de Asturias; efte exiftia por los años de 1189 y fue Alferez Mayor de El emperador Don Alonso el VII.
El Maestre vigefimo primero de efta Religion fue Don Pedro Muñiz de Godoy, el que defpues fue Maestre de la religion de Santiago y el trigefimo segundo de ellos.”
LAS ARMAS DE LOS MUÑÍZ.
Son varios los escudos de armas que podemos encontrar en la estirpe Muñiz y que corresponden a otros tantos linajes.
De la obra: “Heráldica Asturiana” de Ciriaco Miguel Vigil. Oviedo 1892, que se encuentra en el CSIC. Sig.- 112570, extraemos:
Según relaciona Tirso de Aviles, los Muñiz de Carreño llevan “ Escudo de plata y un águila imperial esployada de sable; la orla de sinople cargada de siete aspas de San Andrés, de oro”.
Los de San Martín de Valledor, “pintan un castillo acompañado de un tejo en el flanco diestro, una flor de lis en el siniestro, y encima una estrella; delante del castillo un caballero ginete hincando la lanza en la boca de un oso que esta asido por dos lebreles; detrás algunos Monteros, y una Caldera a un lado (Armas que también traen los de Valledor de Allande).
El Emperador Carlos I concedió a D. Francisco Muñiz, conquistador de Indias, por privilegio otorgado el 8 de Diciembre de 1.535 las siguientes Armas: Cortado, 1º de azur, una estrella de oro; medio partido de los mismo, otra estrella de oro; y 2º de sinople, una torre de plata. Bordura de gules con ocho flores de lis de oro."